Objetos de decoración, obras de arte y mobiliario de la colección personal y familiar del interiorista Felipe de Almeida ayudan a componer la historia del espacio de 125 m², en el que el profesional aboga por una conectividad más afectuosa. Revestimientos especiales, como las cerámicas elaboradas con barro de los embalses de Mariana, MG, ganan peso junto a las texturas de madera y telas. “En casa compartimos los sueños y la mesa. Las pertenencias tienen vida propia y las paredes cuentan historias”, afirma el recién llegado a la exposición.