La producción industrial y la producción artesanal interactúan en cada rincón del espacio de 200 m², creado por Carolina Mauro, Daniela Frugiuele y Filipe Troncon. De esta manera, el espacio busca provocar una reflexión sobre los límites entre la intervención humana y los avances tecnológicos. La propuesta se tradujo en una estética que guió la elección de todos los elementos del proyecto. Entre ellos destaca la amplia variedad de revestimientos, que incluyen pintura artesanal a base de tierra, mármol travertino y adhesivos de aspecto metálico.