Orientado por la noción de que el futuro necesita ser social, el loft de 88 m2 lanza un llamado al encuentro. Por eso, el diseño se despliega en áreas para recibir, calentarse, compartir lecturas o simplemente estar. Marcos circulares delante de las ventanas originales enmarcan el paisaje como una pintura viva. En la curaduría de arte, el cearense Carlos André Juaçaba privilegió obras italianas, reflejo de la vivencia reciente de la oficina en Milán. En el mobiliario, piezas de Jader Almeida y Roberta Banqueri se mezclan con diversos objetos afectivos y con superficies de Dekton y Silestone, de Cosentino.