Atma es el principio humano más elevado, la esencia divina misma, informe e indivisible. En este espacio de 380m², arquitectura y naturaleza se fusionan de forma sutil y elegantemente monocromática. Cada transición entre “adentro y afuera” es una oportunidad para una nueva conexión sensorial. Las texturas se abrazan, el viento sopla por todos lados y el sonido del agua nos recuerda que lo inmaterial anima la materia y que también habita el campo semántico del aliento, la respiración y el aire. Es una casa que nos hace darnos cuenta de que la vida está íntimamente ligada al cosmos y que el “yo” está más allá del cuerpo y la mente.