El espacio de 110m² fue diseñado por Karla Amaral para ser un refugio para los días ajetreados. El color blanco se utilizó como base del proyecto para crear un ambiente luminoso. Materiales de diferentes texturas asociados con el verde de la vegetación crean calidez e intimidad. Los brises, referentes del modernismo candango, recibieron un nuevo significado a través de enormes puertas pivotantes en madera estilo granero, que elevan la mirada al punto focal del comedor: las lámparas diseñadas especialmente para la cafetería.