El diseño escénico, como una caja, con piso, revestimiento y techo en tono acero cortado, realza las esculturas de Israel Kislansky a su máximo potencial. La propuesta de Patrícia Hermanny es valorar las esculturas del artista en su máximo potencial, estableciendo una conexión muy fuerte, despertando en el público una reflexión sobre la relación entre arte, arquitectura y diseño. Además de las obras, el fondo de este cubo está iluminado por fotografías que muestran al artista en el proceso de creación, todas enmarcadas en madera clara. Humanizando el espacio, el arquitecto utiliza bases de troncos de madera maciza para obras más pequeñas, de modo que se presenten a la altura de los ojos del visitante. Y también recurre a una original mesa firmada por Jorge Zalszupin, de la colección Blanco y Negro, en palisandro y de gran tamaño, para las piezas más pequeñas. Una elección que combina sofisticación, cultura y conocimiento. El espacio también cuenta con un patio exterior que continúa con el mismo piso interno y se enmarca con vistas a la belleza de la Serra do Curral. En él, un frondoso árbol nativo ofrece soporte para la iluminación de las esculturas que se encuentran en este espacio. Con esta acción, Bel Lar sigue abrazando el sentimiento que refuerza la importancia del arte para vivir, vivir y compartir y reafirma su nivel de excelencia.