Las arquitectas Bruna Borges y Nathália Weber dedican su espacio a la niña que atraviesa la fase de transformación y se convertirá en mujer, presentando así un ambiente de contrastes. El dúo parte de una paleta de colores en tonos claros -que simbolizan a la niña- que contrasta con el uso de metales dorados en vidrios de colores y los tonos de la naturaleza -que muestra a la mujer que emerge-. El espacio también está marcado por la disparidad entre el fluido, al explorar vidrio y hormigón, y madera, cuerdas naturales y piedras. Reforzado por el uso de formas orgánicas, el objetivo es resaltar esta fase sin linealidad que atraviesan las niñas y la belleza de este proceso de transformación.