Además de ser una bodega funcional, este espacio brinda una experiencia inmersiva para los amantes del vino. Con una zona climatizada que cumple con todos los requisitos técnicos para la conservación del vino, el espacio incluye una pared dedicada a la exposición de etiquetas especiales, un banco equipado con cuenco y soporte para la manipulación de botellas y sillones para degustar bebidas. Los arquitectos utilizan la carpintería para crear un flujo que guía al visitante hasta la culminación del proyecto, donde diseñan una pantalla tensada con patrones que se asemejan a las formas de botellas. En el lateral, el panel con estantes de cristal resalta aún más las etiquetas especiales.